jueves, 15 de septiembre de 2011

Nadie en el espejo

Me pregunto hasta qué punto somos, los seres humanos, sociales. Me refiero a dónde está el punto a partir del cual el hombre tiene necesidad de los otros.




“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.” (Schopenhauer)


Yo creo que a veces salimos acompañados, con la misma sensación con la que cogemos a veces el ordenador, o con la que hemos puesto la radio para apagarla al momento. O con la misma sensación con la que pasamos los canales de la televisión sin verdadero criterio. El silencio puede llegar ser demasiado ruidoso.


A mí me da que en general estamos algo enganchados a los demás. Enganchados como eso, como lo estamos a los ordenadores, como lo estamos a la televisión, al consumismo, como lo estamos a tantísimas cosas para entretenernos y rellenar nuestras vacías cabezas de ideas y contenidos banales. Que no es malo usar el ordenador ni es malo ver la televisión, pero muchas de las veces ¿por qué lo hacemos? Y de la misma manera, muchas de las veces que salimos acompañados ¿Por qué lo hacemos? ¿Deseamos de verdad ver a esas personas? ¿Salimos para verlas o por el mismo motivo por el que encendemos el televisor? Quizás no encontramos algo más que detenga ese silencio chirriante y se nos empieza a caer el techo encima. Si algo dirige nuestras vidas es la inercia y el no querer mirar. 


A mí me da que estamos enganchados a los demás por no haber resuelto nuestras necesidades individuales. Diría que una mezcla de alienación y falta de trabajo interior. ¿Será casualidad que se den estos dos a la vez?


“Los hombres vulgares han inventado la vida en sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos.” (Schonpenhauer)

Yo creo que la diferencia entre querer compartir y la necesidad de los demás es como la diferencia entre que a uno le apetezca comer carne y que el rugir de las tripas le incite a devorar cualquier cosa. Lo curioso es que en este asunto lo mismo que despierta el hambre es lo que la elimina: la soledad.






Y, lo que viene después. Si tan escasos nos dirigimos a la compañía, ¿qué clase de compañía somos? ¿Cómo se encontrará la balanza entre dar y recibir? ¿Y qué pasa si lo llevamos a un nivel más elevado? No hay más que observar la sociedad en la que vivimos y las estructuras individualistas que la constituyen. Padecemos una especie de cáncer social. Cuando una de las partes comienza a actuar sin tener en cuenta el todo, se convierte en un sujeto disfuncional. Y esto es así, los robos y demás son una muestra de ello. Individualmente estamos tan desnudos y desvalidos que nos aferramos fuertemente a la sociedad con fines individualistas. Pero resulta que las cosas sutiles y poco evidentes (eso habría que discutirlo) son algo en lo que difícilmente nos fijamos. Lo abstracto siempre resulta algo complicado de ver, y de las emociones ya se sabe. Y estamos demasiado acomodados en la inercia del dejarse llevar. 


El funcionamiento de la sociedad es un reflejo del funcionamiento de cada individuo que la compone. 


Nosotros y nuestras narices. Luego además sacamos ideas filosóficas directamente proporcionales a nuestra capacidad de visión. Y una pierna suelta no tiene sentido. Pero normal si seguimos encendiendo el ordenador. Y el dedo índice en el botón de encender es el pez que se muerde la cola.


Por otro lado, es paradójico que estemos tan perdidos en el exterior sin llegar a darnos verdaderamente cuenta de éste. Y es paradójico que sólo podemos darnos cuenta de lo que hay frente a nuestras narices a través de nosotros mismos.

5 comentarios:

Gabriela dijo...

Me ha encantado todo.
sobre todo: “El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.” (Schopenhauer)
lo guardare para mi.
beso.

Espérame en Siberia dijo...

Creo que nuestro error siempre ha estado en la confusión generalizada entre la soledad y el aislamiento. Que no son lo mismo.
¿No crees?

Muchos besitos.

Sternn dijo...

Hola, No decir. Me alegro que te haya gustado. Sí, Schopenhauer lo tenía claro. Tiene varias frases sobre la soledad. Un beso.

Sí, Siberiana. La cosa es que yo pienso que mucha gente está sola tanto aislada como acompañada. Y que por eso pasan las cosas que pasan cuando estamos con otros. Un besazo!

Sergio DS dijo...

El carácter gregario del ser humano es más potente que el individual, haciéndonos adoptar posiciones que por nosotros mismos quizá no hiciéramos, incluso provocando una agresividad o amor que por sí sola no se habría desarrollado.
Yo prefiero ser yo mismo, aunque a veces me quede solo.

Sternn dijo...

SERGIO, es eso. Es muy difícil ser uno mismo en sociedad. Que no imposible. Pero me da a mí que ser uno mismo implica estar un poquito más al margen de ésta en cierto sentido.